Fechas Fachas

No hay nada que calme más al ser humano que tener claridad sobre cuándo va a tener disponible lo que tanto tiempo lleva esperando.

Bueno, miento. Lo que realmente da calma es que la otra parte se comprometa a unas fechas para, en caso de incumplimiento, poder echarle la culpa. 🔪

Ahora sí. 😒

El eterno "¿Para cuándo?"

A lo largo de mi carrera profesional, he vivido ese momento cientos de veces: apenas te están pidiendo una nueva funcionalidad, un cambio, una corrección… no pasa ni un milisegundo antes de que suelten la dichosa pregunta:

“Y estoooo… ¿para cuándo va a estar?”

Peroooo… vamos a ver, ¿me dejas al menos consultar la bola de cristal? 🤕

Esto, más que con la planificación, tiene que ver con la empatía. Vamos a hacer un pequeño ejercicio mental.

El ejercicio

Antes de esa conversación, ya existía una historia previa: una estrategia definida, con una planificación concreta y unas prioridades consensuadas. También existía un equipo de trabajo con responsabilidades claras, probablemente dando servicio a más de un área.

Pero simplifiquemos. Supongamos que este equipo solo da servicio al área peticionaria y que estamos arrancando el segundo trimestre del año con la siguiente planificación:

  • Entregable 1: 31/05 – Esfuerzo XL – Desarrollo desde enero.

  • Entregable 2: 15/06 – Esfuerzo L – Iniciado hace poco.

  • Entregable 3: 30/04 – Esfuerzo M – Desarrollo desde marzo.

  • Entregable 4: 30/06 – Esfuerzo M – Inicio en mayo.

  • Entregable 5: 30/06 – Esfuerzo S – Inicio a finales de mayo.

Con esta foto, es fácil caer en la tentación de jugar al Tetris con los entregables: “Si retrasamos el 1, si cancelamos el 5, si posponemos el 4, si reforzamos el equipo, bla bla bla”.

Primero, entendamos la necesidad

¡Pero espera! Antes de empezar a mover piezas, hay algo más importante: entender la necesidad real. ¿Se ha analizado bien lo que se está pidiendo? ¿Se han evaluado soluciones? ¿Se sabe quién debe ejecutarlas? ¿Se han planteado escenarios alternativos?

Solo cuando tengamos esto claro podremos evaluar el impacto sobre la planificación y tomar decisiones informadas.

¿Y la agilidad?

Esto no es burocracia. Al contrario, las organizaciones verdaderamente ágiles están preparadas para gestionar estos cambios sin que se conviertan en dramas. Saben que lo planificado no está escrito en piedra porque vivimos en un mundo VUCA, BANI o el acrónimo de moda que toque. Vamos, que el entorno cambia a tal velocidad que hacer planes a cinco, tres o incluso un año vista es, en muchos casos, pura ciencia ficción.

Eso sí, para que esto funcione, la cultura organizativa tiene que acompañar. Hay que entender que las prioridades pueden cambiar y premiar la capacidad de adaptación en lugar de castigar por no cumplir objetivos iniciales.

El verdadero problema

Si esa cultura existe, la pregunta “¿Para cuándo?” no debería ser un disparo a bocajarro, sino parte de un proceso natural de reajuste.

Pero seamos realistas. Estamos aún lejos de que esto sea lo habitual. Hoy en día, en muchas organizaciones, la búsqueda de culpables sigue siendo el deporte nacional. 🗡️😦

Si queremos dejar de jugar a eso, toca empezar a jugar en equipo de verdad. ¿Está tu organización preparada para ello?

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