
Soy de una generación en la que lo de “Lo importante es el concepto” fue trending topic (bueno, si hubieran existido las redes sociales en aquel entonces). Esta mítica frase salió en Airbag, una película de culto para quienes nacimos antes de 1985. Si no la conoces… bueno, ya estás tardando en verla. 😂
En gestión de proyectos, siempre he asociado el concepto con el método, es decir, con las metodologías. A lo largo de los años, hemos visto cómo estas han generado debates encendidos, creando auténticos hooligans de Scrum, PMBOK, PRINCE2 y compañía. Vamos, que hay más rivalidad aquí que en un derbi futbolero.🥳
Ahora bien, las metodologías no son un fin en sí mismas, sino una caja de herramientas 🧰, no una receta mágica. Aprendí esto a la fuerza hace años, en un proyecto de la Administración Pública que fue un auténtico desastre. Todo iba mal, peor que mal, cuando de repente aterrizó un nuevo Director de Sistemas. Sonriente, escuchó pacientemente cómo cada bando echaba la culpa al otro, y cuando todos terminamos nuestro recital de quejas, soltó:
“No se preocupen, como todos somos profesionales y están acostumbrados a trabajar con la Administración Pública, les doy dos semanas para entregarme todo lo desarrollado según la metodología oficial: Métrica 3."
Y ahí terminó la reunión.
Nos miramos en silencio, con la misma cara que pone una vaca viendo pasar un tren. No teníamos ni idea de lo que nos acababan de pedir.

Llegué a la oficina y lo primero que hice fue buscar qué demonios era Métrica 3. Y así fue como descubrí el concepto o, mejor dicho, el método. Resulta que es una metodología española, pensada para proyectos TIC en la Administración Pública, con un enfoque en cascada y un arsenal de procesos estructurados, documentados y burocratizados hasta la médula. Vamos, que si en algún momento pensaste que Scrum tenía mucha parafernalia… Métrica 3 se ríe en su cara.
Viéndolo ahora en perspectiva, incluso me viene a la cabeza todo el sarao que tenemos montado con Alia la IA española…

Hasta ese momento, los proyectos en los que había trabajado eran más bien artesanales: sentido común, comunicación y algo de improvisación. Pero ese choque con la metodología me abrió los ojos 👀. Descubrí que existía todo un submundo de enfoques, algunos más oscuros que otros, pero todos con algo de valor si se usaban bien.
Claro que no siempre se usan bien, y de eso también tengo historias… pero no quiero que os vayáis hoy con pesadillas de Métrica 3. 🤯
Por cierto, no quiero olvidarme del proyecto en el que descubrí el método. ¿Qué pensáis que pasó? Pues nos dimos cuenta de que documentar todo según la metodología era, en sí mismo, otro proyecto. Y ahí entendimos la jugada: aquel hábil Director de Sistemas nos estaba invitando a abandonar sin decirlo explícitamente. Recogimos el guante, nos retiramos con una dura derrota (para todas las partes, menos para él supongo) y nos llevamos una gran lección de vida:
Se aprende más en la derrota que en la victoria.
Ahora es tu turno, así que cuéntame, ¿cuál ha sido tu experiencia con las metodologías de gestión de proyectos? ¿Te has topado con alguna que te haya dejado algún trauma?
Porque si no, van a haber hondonadas de ostias 🤣
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