
Hay proyectos que duran meses e incluso años. Otros, en apenas una semana, pueden planificarse, organizarse y ejecutarse con resultados increíbles… o convertirse en un desastre absoluto. Y algunos se repiten una y otra vez, como un ritual.
Uno de ellos es montar una calçotada. Un proyecto gastronómico lleno de variables, dependencias críticas y riesgos elevados (como quedarte sin salsa romesco). Pero antes de meternos en gestión de proyectos...
Espera espera, ¿cómo? ¿que no sabéis lo que es una calçotada? 😱😱😱😱
No pasa nada, lo explico brevemente. En caso de que sí lo sepas, puedes saltarte la chapa que suelto a continuación. 😝
Una calçotada es un evento en el que se comen calçots, que no deja de ser una comida muy típica de la zona de Tarragona, originaria de Valls. Por cierto, allí todos los años celebran la Festa del Calçot, donde hacen varios concursos, y en uno de ellos gana quien más calçots es capaz de comer. Sólo os diré que hay ambulancias…🚑
El calçot es una cebolla blanca de una tipología concreta (la más habitual es la cebolla de Lleida), que se cultiva de una forma muy determinada. En una primera fase, se cultiva como una cebolla normal, pero en la segunda etapa se entierra a medias y se va calzando, es decir, se le va echando tierra sobre los brotes a medida que crecen para que queden blancos y tiernos.
Vamos, que la gracia de los calçots es cocinarlos a la brasa, pero de una forma muy determinada, ya que se hacen “a la llama”, con el suficiente cuidado para no quemarlos del todo, y según se van haciendo se van enrollando en papel de periódico y almacenando para que no pierdan el calor.
Una vez se han hecho todos, se ponen encima de la mesa para ir consumiéndolos de una forma muy particular, pues hay que quitarle la parte “quemada” para comer la parte interior (puedes ver cómo se pelan y se comen los calçots en este video), mojándola en la salsa romesco, que es el gran invitado a esta fiesta, y que bajo mi punto de vista es lo que realmente está bueno.
🧂 Esta salsa hay muchas formas de hacerla, y de hecho hay mucha variedad en ello (la mejor, eso sí, la de mi madre 😝), pero prácticamente todas se basan en tomate, ajo, almendras, aceite, pan, y otros ingredientes que varían en función de la receta.
La experiencia no está completa si no se come a lo bestia, acompañados de carne a la parrilla, vino en porrón y amigos dispuestos a pringarse. ¡Pura felicidad gastronómica!
Una vez explicado qué es una calçotada, volvamos a la parte de su planificación, organización y ejecución, pues por algo esta publicación habla de gestión de proyectos!!! 🤪🤪🤪
A lo largo de mi vida he asistido a muchísimas calçotadas, y rara ha sido aquella en la que no nos hemos olvidado alguna cosa, en la que se ha tenido que hacer un viaje exprés, o se ha tirado de improvisación, y en muchas ocasiones ello ha enrarecido el ambiente.
Por hacer un símil, tiene todas las características de organizar una barbacoa en el campo, pero con el añadido específico de tener que hacer los calçots, y todo el atrezzo que le acompaña.
Hablando en clave de proyectos, vamos a diferenciar:
Estamos planificando como hacer una calçotada desde cero, por eso los planes de restaurante, masias con encanto, bodegas especializadas y demás, no forman parte de este proyecto.
Aunque si quieres probar los calçots de una forma sencilla y rápida, puedes empezar por ahí, aunque ya te digo que la experiencia es totalmente diferente. Si quieres que te recomiende algún sitio, no dudes en escribirme 😉.
Si lo vamos a organizar por nuestra cuenta, desde cero, hay varios puntos a planificar:
El primer punto, principalmente, es decidir cuando va a ser el evento. La temporada de calçots va de noviembre a abril, aunque los meses centrales son enero, febrero y algo de marzo.
Como la idea es hacerla en el campo, al aire libre, lo suyo es que no haga mucho frío 🥶, por lo que lo normal es monitorizar el tiempo que va a hacer, e intentar localizar un día lo más soleado posible 🌞. Para esta misión, un día de lluvia 🌧️ invita a la cancelación del evento 🛑.
Punto importante: hay que seleccionar bien tanto la fecha 📅, como la hora prevista 🕧 de inicio de la misma, que luego ya sabemos como se las gastan los tardones (sobre todo si son los encargados de traer la bebida…🤪)
Por otro lado hay que gestionar quienes van a ser los asistentes, y cruzar sus agendas con las potenciales fechas de ejecución, teniendo en cuenta los condicionantes climatológicos. ¡Casi ná!
Finalmente, y no menos importante, hay que escoger la ubicación donde realizar la calçotada. Los tiempos en los que se podían hacer este tipo de cosas “en cualquier sitio” han pasado a la historia, por lo que ahora las opciones se limitan a dos posibilidades: un espacio privado, ya sea una finca o una casa con una parcela lo suficientemente amplia para poder realizar el evento; o bien un espacio público que esté preparado para este tipo de acciones: merenderos con parrillas preparadas para la preparación de los calçots y de la carne, campings, o similares.
Para la preparación del evento, lo habitual es realizar un reparto de las tareas. Y para ello hay que volver a hablar de la lista de asistentes. En la misma hay que diferenciar dos tipos de asistentes: los que van de invitados (a mesa puesta) sin ningún tipo de obligación organizativa, y los que van a participar de la organización.
Volviendo al símil de la barbacoa, habrá personas que se encarguen de la compra de las bebidas, de la carne, los aperitivos, el pan, sillas, mesas, hielo,… y un largo etcétera.

En una calçotada aplica todo lo anterior, pero también nuevos elementos a tener en cuenta. Para empezar, comprar calçots fuera de Cataluña no es tarea sencilla, aunque se pueden conseguir. Mi recomendación aquí es que busques con tiempo, y cuando localices un potencial proveedor, coge siempre calçots finos, que los más gorditos son muy bonitos, pero no, hazme caso…😉
A tener muy en cuenta que la leña que vas a utilizar para hacer los calçots no es la misma que la que vas a utilizar para hacer, por ejemplo, la carne. Para la carne necesitarás brasas, por lo que lo normal será que dispongas de troncos más o menos gruesos, de almendro, roble, encina, etc. En cambio, como el calçot se cocina “a la llama” vas a precisar leña más fina, que arda de una forma rápida, pudiendo ser de las mismas tipologías de árbol, pero de ramas más finas.
Otro elemento a tener en cuenta es la salsa romesco. Hay que organizar quién la va a preparar, la cantidad necesaria para el número de asistentes planificado, y también el tener disponibles recipientes para poder “mojar el calçot”. En este caso puede ser útil desde el típico vaso de plástico deshechable, como recipientes de cerámica a lo largo de la mesa para “mojar” de forma compartida.
Una vez llega el día D y la hora H la gente irá llegando, y aquellos encargados de cada uno de los puntos mencionados anteriormente irán trayendo todas las cosas necesarias.
En este punto acostumbran a ser importantes las personas encargadas de la bebida y de los aperitivos, ya que son el punto de inicio del evento.
En cuanto a la preparación del fuego 🔥🔥🔥 (o de “la chasca” como decimos en mi familia) no se tiene tanta prisa como en el caso de una barbacoa. El motivo es debido a que es muy habitual hacer primero los calçots, y según se van haciendo envolverlos en papel de periódico y guardarlos en una caja de cartón para que no pierdan el calor, y mientras se consume rápidamente la leña fina, ir quemando los troncos más gordos para preparar brasas para hacer la carne.

Una vez hechos los calçots, se procede a cocinar la carne 🥩, y en este punto se acostumbra a irla guardando en un recipiente donde no pierda demasiado calor (en mi caso, habitualmente utilizamos una olla bastante grande muy vieja).
Un consejo en estos casos es ser cauto con la cantidad de carne que se prepara en la primera tanda, pues después de los aperitivos, los calçots y las primeras piezas de carne, muchos alzan la bandera blanca y se retiran. Es por ello que es muy recomendable reservar carne, porque a tiempo de organizar una segunda tanda siempre se va a estar, pues normalmente las brasas siempre aguantan un tiempo razonable.
Volvamos un momento al punto en el que teníamos los calçots preparados junto a la primera tanda de carne: es hora de empezar a disfrutar del plato estrella.
Comer calçots es un arte y, como tal, tiene su técnica. Se comen con las manos, así que no tengas ningún miedo a ensuciarte un poco. Bueno, quizás no tan poco. La clave está en pelar la capa exterior quemada, inclinar la cabeza hacia atrás y dejar que el calçot resbale a tu boca.
Y todo ello maridado con un buen vino 🍷, si puede ser en porrón o en bota, mucho mejor!
Sí, es un ritual que incita a la risa, a la camaradería, y también a las bromas ¡disfrútalo!

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